Si no se toman las medidas pertinentes, esa temperatura se podría alcanzar antes de dos mil cincuenta.
La situación del mundo requiere cambios importantes en la economía, el modo de vida, el respeto del medio ambiente y la obtención de energía barata y abundante.
Estos cambios deben de hacerse e iniciarse de forma global y todos a una, creándose comités y organizaciones que velen por la buena marcha y evolución del sistema. El nuevo sistema social y económico deberá reducir las diferencias sociales entre Sudamérica, África y el sudeste asiático con el resto del mundo. Es decir, debería reducir la diferencia socioeconómica entre norte y sur.
Esta empresa se vislumbra difícil mientras todos los países no empiecen a remar en la misma dirección y con órganos rectores consensuados.
De momento se han adoptado algunas medidas importantes pero sólo por determinados países. La prohibición de vehículos de carburante fósil, la no proliferación de centrales nucleares, la inversión en energías renovables son algunas de estas medidas puestas en práctica por la UE.
El principal objetivo es la inversión en investigación para encontrar otras fuentes de energía alternativa barata y limpia como la del hidrógeno entre otras.
Los expertos que advierten del posible colapso del modo de vida tal como lo conocemos (llamados Colapsistas) no se ponen de acuerdo sobre la forma en que puede producirse. Unos dicen que se producirá de forma súbita, otros que será de forma Gradual y por último que será de forma Oscilante.
Otros expertos llamados tecnooptimistas opinan que con el esfuerzo necesario se llegaría a obtener la energía limpia del hidrógeno que es el elemento más abundante en la Tierra, así como otras energías alternativas baratas y no contaminantes, evitando así la huella de carbono, el efecto invernadero y por consiguiente, el calentamiento del planeta. El problema es que hoy por hoy, la obtención del hidrógeno requiere de grandes cantidades de energía de carburantes fósiles, sin olvidar los problemas de almacenamiento del hidrógeno para evitar su evaporación.
Otra corriente de expertos (llamados decrecentistas) abogan por el decrecimiento progresivo como la forma menos traumática de afrontar el reto de evitar el colapso del planeta, retrasándolo y aumentando el plazo para la búsqueda y desarrollo de las energías limpias.
Otras de las medidas que se están pensando y hacia la que apuntan para un futuro próximo son las “ciudades de los quince minutos”. El concepto es una ciudad en la que todos los servicios que se necesitan en la vida ordinaria se encuentren no más lejos de quince minutos andando desde cualquier punto de la ciudad.
Todo esto cambiaría también el flujo migratorio demográfico, pasando de la concentración en los núcleos de desarrollo industrial a la disgregación en pequeños núcleos (autosuficientes en la medida de lo posible) Esto nos hace pensar en reavivar el medio rural de nuevo.
Así que para regocijo de unos y frustración de otros habrá que disponer de nuevo de espacios domésticos para animales, huertos urbanos y otras formas de recursos domésticos que habíamos abandonado.
No obstante quedémonos con la visión tecnooptimista pero vayamos adoptando pequeños pasos para poder paliar tanto como podamos los problemas que puedan ir apareciendo, mientras los que rigen los designios del mundo lleguen a un acuerdo para salvar el planeta y su biodiversidad.