Desde los tiempos ancestrales la mujer ha jugado un papel, no por menos importante, secundario en el desarrollo social y siempre por detrás del hombre. Siempre relegada a las labores domésticas así como las del campo.
No fue hasta finales del siglo XIX cuando la revolución industrial necesitando mano de obra en ingentes cantidades, dio paso a la mujer al mundo productivo,en condiciones económicas peores que la de los hombres y puestos no especializados,
En el siglo XX con la fabricación en serie establecida ya en las grandes fábricas, la mujer supuso un recurso valioso en puestos de baja especialización.
Esta rápida irrupción de la mujer en el mundo laboral supuso un brusco cambio en la estructura social que los varones nunca vieron con buenos ojos, aunque no desdeñaron las nuevas oportunidades de negocio (guarderías, residencias de ancianos, etc.)
Esta situación, nueva para la mujer, generó la necesidad de formación y participación en todos los ámbitos del espectro social, revelándose contra las costumbres conservadoras. Generándose movimientos como el de "las sin sombrero" que se negaban a salir a la calle con la cabeza cubierta. Las sufragistas que reivindicaban el voto universal y así otros tantos hasta desembocar en el feminismo, que aglutina todas las reivindicaciones que acaben con la desventaja que la mujer arrastra tras siglos de gobierno y legislación masculina que en Occidente se remonta al derecho romano.
Hoy en el siglo XXI, la mujer ha demostrado sobradamente su valía y su papel en el desarrollo social, copando las plazas universitarias, puestos ministeriales, presidencia de gobierno y de consejos de administración aunque en este campo de la empresa privada aún queda mucho por conseguir.
Todavía queda mucho para alcanzar la igualdad ya que la mujer parte de una vulnerabilidad más notoria que la del hombre y son necesarias más leyes que corrijan está desigualdad.
Quiero desde aquí hacer un homenaje a todas aquellas mujeres que han luchado para conseguir los logros alcanzados y animar a todas a seguir luchando para que no consigan sus objetivos aquellos detractores y conservadores trasnochados que arropados por la todavía numerosa tendencia machista, pretenden la derogación de leyes encaminadas a proteger a la mujer.
Esta lucha no se libra sólo en el seno familiar, se libra dándose visibilidad en los movimientos y protestas sociales, en la universidad, en el puesto de trabajo y por supuesto en el ejercicio del voto.
Ya no vale que la mujer diga que no entiende de política. Entiende de sus cosas y sus cosas están todos los días en boca de los políticos y no es difícil entender quienes son embaucadores y quienes están realmente interesados en los temas que a cada cual nos interesan.
Seamos merecedoras del sufragio universal. Que medie nos dicte nuestro voto.