De vez en cuando
la confrontación
viene a visitarte
Hoy ha venido
acompañada de ignorancia,
de intolerancia
de incomprensión.
Hoy ha venido
y le he rehusado,
le he dado la espalda,
con un desplante torero.
Sin mirarle a la cara.
Me he sentido poderoso
controlando la reacción,
seguro.
Dueño de mis actos.
Pero la huida siempre deja
un regusto agrio.
Aún asi, peor habría sido
el sabor de haber sido débil,
si hubiera accedido
a mis apetitos primarios,
si le hubiera ofertado
las dos ostias que
vienen conmigo
en mis andanzas.
Ya somos amigos,
de confianza.
Nunca las he soltado.
Ya hasta pena me daría
deshacerme de ellas.
O peor aún:
haberlas asestado
en ambos lados,
con las palmas abiertas,
con los puños cerrados.
Has tenido suerte,
imbécil.
También nosotros que
nos habríamos separado.
Sendas las llevo.
Una en cada mano y
no vamos a separarnos
después de tantos años.
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